En los últimos días, debido al papel que ha jugado la Central Obrera Boliviana (COB) en la crisis de estos 50 días, he recuperado cuatro artículos —tres de mi autoría y un reportaje de Miguel Gómez Balboa (La Prensa), en el que fui entrevistado— y he querido compartirlos con los lectores de este blog. Los textos, publicados entre julio de 1999 y marzo de 2004, retratan los momentos más críticos de la organización y llevan a preguntarse: ¿cuánto hemos aprendido de aquellas lecciones?
En julio del año 2000, titulé uno de los artículos «Hemos tocado fondo…» y describía con crudeza la situación de la COB tras el intento de culminar el XII Congreso en Potosí: «Es imposible imaginar mayor evidencia de la crisis». Los dirigentes mineros jubilados movían la cabeza y decían lacónicamente: «hemos tocado fondo, ya no hay COB».
En abril de ese mismo año, en otro texto, señalaba que «la COB no es un grupo ideológico sectario ni un reemplazante del partido político. Es fundamentalmente un bloque social que ha influido en el acontecer nacional y podrá hacerlo otra vez con fuerza, cuando se rearticule y recupere claridad en sus planteamientos».
Sin embargo, 22 años después, los problemas estructurales siguen siendo profundos. En aquel entonces identificaba dos crisis fundamentales:
- Crisis de pensamiento: «¿Cuál es su horizonte? No lo hay. La COB ha sido incapaz de adapatarse a las nuevas forma de explotación laboral. Su caballo de batalla ha sido oponerse al modelo neoliberal, pero está claro que no basta oponerse, se tiene que proponer otra cosa, otro tipo de sociedad».
- Crisis de estructura orgánica: La representación proporcional clasista, que privilegiaba a los mineros con un 51% de delegados pese a ser una minoría, se había vuelto insostenible. «Hay una especie de ley no escrita según la cual necesariamente los mineros asalariados deben ocupar la principal cartera. ¿A título de qué los otros sectores van a aceptar eso? Si vamos a ser democráticos, la democracia tendría que empezar por casa».
Pero el año 2003 trajo un giro inesperado. Las jornadas de octubre, la «guerra del gas», revitalizaron a la COB. Pablo Solón señalaba que este resurgimiento fue fruto de la ruptura de sus dirigentes con los gobiernos de turno en el congreso de Oruro de julio de 2003.
¿Qué ha cambiado?
Veintidós años después de la publicación de aquellos artículos, la pregunta es inevitable: ¿la COB logró superar aquellas crisis? ¿es necesaria la COB para enfrentar al neoliberalismo? ¿se ha adaptado a las transformaciones actuales del mundo del trabajo?
Es, además, innegable la irrupción de los pueblos originarios como fuerza política. La CSUTCB (Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia), como señalaba en julio de 1999, ya se presentaba como la «hija pródiga de la COB». Hoy plantea con mayor fuerza el desafío de integrar la lucha sindical con la reivindicación étnica y territorial.
Una lectura necesaria
Los artículos que comparto hoy son testimonio de una organización que, pese a todo, sigue siendo un actor central en la política boliviana. Reflejan debates que aún no se han resuelto completamente: ¿cómo articular la lucha de clases con la reivindicación de identidades? ¿cómo representar a los nuevos trabajadores precarizados, a los informales, a los que sobreviven en la economía digital? ¿cómo construir una propuesta que vaya más allá del rechazo al neoliberalismo?
Quizás, como decía entonces, «los problemas de fondo siguen…». La COB debe encontrar la solución en un debate abierto con sus bases. Y su suerte debería preocuparnos a todos, no solamente a dirigentes o sindicalistas. Su fortaleza y reorganización dependen de todos y todas.
Invitación a la lectura
En los enlaces adjuntos encontrarán cuatro artículos que documentan este período crítico:
- «CSUTCB, la hija pródiga de la COB» (sobre la relación entre campesinos y central obrera, 1999)
- «Una plataforma atrevida para cambiar la COB» (abril 2000)
- La COB ha muerto… ¡Viva la COB! (la crónica del congreso fallido, julio 2000)
- «¿Qué pasa con la COB?» (análisis de la situación post-octubre, marzo 2004, de Miguel Gómez Balboa- La Prensa)
Leer estos textos a la luz del presente es un ejercicio necesario para entender los desafíos que aún tenemos pendientes como sociedad.
Carlos Soria Galvarro T.




