“hemos tocado fondo…”
El segundo intento por concluir el XII Congreso ordinario de la COB terminó en un fracaso completo. A diferencia de lo ocurrido en enero en El Alto, esta’vez ni siquiera logró instalarse. Es imposible imaginar mayor evidencia de la crisis.
Al atardecer del domingo 9 de julio, luego del también fracasado “ampliado” que debía por lo menos decidir si se volvía a convocar al congreso, dónde y cuándo y quién quedaba entretanto al mando, algunos dirigentes mineros jubilados, entre ellos Cecilio Soliz de Unificada y Felipe Oso Mena de Siglo XX, en las gradas del Teatro IV Centenario de Potosí, moviendo la cabeza decían lacónicamente: hemos tocado fondo, ya no hay COB.
Soplaba un viento helado y las nubes que oscurecían el panorama adelantaban la llegada de la noche. Minutos antes, convencidos de que ya no habría ni congreso ni “ampliado”, los delegados que todavía no se habían ido de la ciudad imperial, desprendían de las paredes interiores del vetusto e inmenso teatro sus coloridas pancartas y banderolas. El ambiente era de funeral.
¿Cómo es posible que se haya llegado a esta situación? ¿Quién o quienes son los responsables? ¿Terminó la agonía o tiene algún remedio la COB? ¿Ha fallecido irremediablemente o podrá resucitar?
Son preguntas que me he planteado todos estos días, y por supuesto, no aspiro a encontrar respuestas lúcidas e inmediatas. Quisiera solamente compartir alguna información y ciertas observaciones que resultan de haber escuchado por lo menos cuarenta discursos en la agónica sesión de la noche del sábado 8 de julio, es decir de haber sido testigo de ese triste final, pues había sido invitado al Congreso como “delegado fraterno”.
LOS DEMONIOS
Todos los gobiernos, desde la fundación de la COB en 1952, no han sido indiferentes a la organización matriz de los trabajadores. Trataron de influirla y “controlarla” como lo hizo el MNR en sus buenos tiempos o intenta hacerlo ahora el MIR. O la suprimieron violentamente como lo hicieron las dictaduras militares, tanto Barrientos, como Banzer (1971-1978) y García Meza. Por tanto,tampoco es novedad para el movimiento sindical el enfrentamiento con los gobiernos de turno.
¿Será que ahora es determinante esa influencia “oficialista”,al punto que estaría en riesgo la autonomía e independencia de la COB?
Permítaseme dudar de este que es el argumento principal del llamado “bloque anti-neoliberal” que en el congreso llamó abiertamente a la solución por el desastre. Su razonamiento es más o menos así: antes que la COB caiga en manos de los neoliberales es mejor que se disuelva, hasta que existan las condiciones para realizar un congreso donde no haya un solo neoliberal a varios kilómetros a la redonda, ni del oficialismo ADN-MIR-UCS, ni de su sucedáneos MNR-MBL.
Los dos principales bloques enfrentados se acusan mutuamente de estar al servicio del oficialismo neoliberal. Por ejemplo, Felix Santos, ex ejecutivo de la CSUTCB y de la Federación de Campesinos de Potosí, movilizó a sus bases y con el torpe argumento de los palos trató de impedir que Felipe Quispe, el cuestionado dirigente actual de la CSUTCB, ingrese al congreso, acusándolo de estar al servicio del oficialismo y de querer reeditar el pacto militar-campesino. Este, a su vez, acusó a Evo Morales, Santos y otros dirigentes de oponerse a su peculiar forma de conducir a la CSUTCB, por estar al servicio del oficialismo e incluso no vaciló en sostener que sus oponentes reciben dinero del Gobierno.
Pareciera que la mejor manera, y la más fácil, de barrer con cualquier contendor es colgarle el membrete de oficialista neoliberal; ya no es debatir propuestas ni programas; ya no se requiere confrontar ideas, es suficiente acusar de agente del Gobierno al que no comulga con la propia manera de pensar. Y supongo que el Gobierno, en medio de su crisis de ineficiencia y corrupción, debe sentirse feliz por ello, sería el causante del desbande de la COB, cuando en realidad semejante mérito es de los propios dirigentes sindicales.
¿OFICIALISTAS O INCAPACES?
Otro ejemplo, los dos bandos acusaban al Comité Ejecutivo transitorio de favorecer al Gobierno, pero ninguno le señalaba su absoluta falta de capacidad de conducción o, según otros comentarios por lo bajo, su mezquino afán de hacer fracasar el congreso para prorrogarse indefinidamente, cálculo fallido si se ven los resultados puesto que perdieron soga y cabra.
En la mencionada sesión postrera, Max Feraude, el representante minero que encabezaba: dicho comité, se limitó casi exclusivamente a darla palabra a todos quienes formaban una inmensa cola detrás del micrófono. Tuvo que ser el jubilado Wenceslao Argandoña quien hiciera una “moción de orden” proponiendo limitar las intervenciones a cinco minutos y pedir que cada orador: hiciera una propuesta concreta sobre el simple y pedestre tema ‘que se estaba debatiendo: iniciar o no iniciar formalmente el congreso. Tema que, por lo demás, parecía irrelevante puesto que para eso y no para otra cosa se habían concentrado los delegados en la ciudad de Potosí.
Una conducción mínimamente coherente tendría que haber cortado semejante desatino e instalado el congreso, y seguir las negociaciones entre campesinos y entre gremiales que al final, como antes ocurrió innumerables veces, ante el riesgo de quedarse fuera se hubieran puesto de acuerdo para organizar a sus respectivas delegaciones al congreso.
MUERTE Y RESURRECCIÓN
– No es la primera vez que algunos sectores afiliados a la COB llegan a un congreso enfrentados y con fracturas internas.-
Frente a los dos polos, muchos dirigentes, especialmente los de las nuevas generaciones, a mi juicio injustamente tachados de pro-gubernistas, dicen estar cansados de los discursos y quieren una COB que se ocupe de la defensa de sus intereses cotidianos y ponen como ejemplo la lucha por el agua en Cochabamba.
Tengo la sensación que la cosa va por ahí. El punto de partida para el reagrupamiento del movimiento sindical, que por lo visto no será inmediato ni rápido, son los intereses básicos de los trabajadores, asalariados y no asalariados, de las ciudades y del campo. Como lo dije en otra ocasión, todos los golpeados y excluidos por el modelo neoliberal deberían tener un lugar en la COB (Ver Ventana del 23 de abril del 2000).
Las propuestas políticas que supongan un modelo alternativo al sistema actual, se construirán en ese camino. En otras palabras, lo que se ha venido haciendo desde 1985 a esta parte es combatir al neoliberalismo con discursos, destriparlo con la lengua. Y por eso estamos donde estamos.
Lo ocurrido en Potosí hace ineludibles los cambios profundos. O la COB se refunda, recuperando sólo el legado positivo de 1952 y desechando lo que ya no sirve a estas alturas, o su actual crisis terminal acabará en muerte irreversible.
* Carlos Soria es periodista y docente universitario.




