UNA PLATAFORMA ATREVIDA PARA CAMBIAR LA COB

Reinstalando un debate urgente

La actual coyuntura impone una lucha cotidiana y solidaria por arrancar una a una las reivindicaciones y derechos de los trabajadores. Hay que recoger las necesidades más sentidas de la gente y elaborar una plataforma programática que una a todos. Aquí se acabaron los falsos profetas

Siempre sostuve que la suerte dela COB incumbe directamente no sólo a sus afiliados sino también a los intelectuales, en especial a quienes se sientan involucrados en los destinos del país. Ante el lamentable espectáculo del frustrado congreso en El Alto y ante la posibilidad de que éste se reanude próximamente en Potosí, puse en limpio algunas ideas, producto de reflexiones maduradas a lo largo de mucho tiempo y en algunos casos parcialmente ya difundidas.

Estoy enterado de que algunos dirigentes sindicales, califican estas opiniones como un atrevimiento inaceptable. Pero igual me atrevo a publicarlas,ahora que la COB acaba de cumplir sus 48 años de vida. Ojalá estas opiniones contribuyan a un debate que se me antoja imprescindible y urgente.

VAMOS POR PUNTOS

1. En los tiempos actuales, la COB tiene como misión aglutinar las reivindicaciones de todos los sectores de trabajadores, del campo y de la ciudad, de asalariados y no asalariados.

Tiene la obligación de articular a obreros, empleados, pequeños productores del campo, trabajadores por cuenta propia (gremiales, artesanos, comerciantes pequeños, formales e informales). Todos los excluidos, castigados y empobrecidos por el modelo neoliberal deberían encontrar un espacio en la COB. De igual manera, los pueblos originarios que reivindican su cultura y su identidad.

Sólo organizado y unido el pueblo trabajador puede defenderse y arrancar algunas conquistas en una coyuntura adversa, donde los grupos oligárquicos dominantes son transitoriamente los dueños de la situación.

2. La COB no es un grupo ideológico sectario ni un reemplazante del partido político. Es fundamentalmente un bloque social que ha influido en el acontecer nacional y podrá hacerlo otra vez con fuerza, cuando se rearticule y recupere claridad en sus planteamientos.

Para desarrollar ese rol unificador y articulador, la COB necesita ser autónoma. No puede estar sometida a la manipulación de los partidos políticos, del oficialismo o de la oposición. Si la COB no es autónoma, seguirá siendo la víctima de las maniobras de los partidos que hoy pueden estar en el gobierno y mañana en la oposición, como ocurrió en los últimos congresos.

En algunas circunstancias partido y sindicato pueden coincidir, fijarse objetivos comunes y fortalecerse mutuamente. Pero, el uno no reemplaza al otro, cada cual en su lugar. Son instancias diferentes, cuyos espacios de acción y estructuras organizativas no son ni pueden ser los mismos.

3. Alas puertas del siglo XXI, el mundo no es igual al de décadas recientes. Bolivia no vive un proceso revolucionario. La revolución de 1952 es hoy una lejana referencia histórica. Tampoco es el tiempo de las dictaduras militares, cuando la lucha por la democracia era lo principal.

Bolivia vive bajo un régimen democrático usurpado por las clases dominantes. La coyuntura actual es contraria a los trabajadores y es el resultado de una gran derrota, tanto política como ideológica, de la izquierda.

4. En esta sociedad impera el mercantilismo ciego y un sistema político electoral en el que los grupos pudientes y la llamada “clase política” a su servicio, tienen mayores oportunidades para imponerse. Una sociedad verdaderamente democrática, con participación, justicia social y plena libertad, es todavía un objetivo a conquistar.

Mientras un nuevo modelo de sociedad pueda vislumbrarse y avanzar en su concreción, se impone la lucha cotidiana y solidaria por arrancar una a una las reivindicaciones y derechos de los trabajadores. Esa lucha es en todos los terrenos y en todas las circunstancias, sin renunciar a ningún espacio ni instrumento.

ES HORA DE RESPUESTAS

5. Por ello, antes que discutir sutilezas ideológicas, antes que buscar presuntos culpables de las derrotas, antes de entramparse en discusiones estériles sobre diferentes ideologías (como trotskismo, estalinismo, indigenismo, indianismo y otros “ismos”) debe darse respuestas a los problemas de hoy y a los reclamos urgentes de las bases.

En vez de peleas por palabras más o palabras menos, hay que recoger las necesidades más sentidas del pueblo y elaborar una plataforma programática que una a todos, por encima de naturales diferencias ideológicas, creencias religiosas o simpatías políticas.

6. Ser sindicalista revolucionario hoy, en el año 2000, vísperas de un nuevo milenio, no quiere decir repetir con terquedad viejos conceptos pasados de moda y superados por la realidad. Tampoco quiere decir abandono de la lucha y de las mejores tradiciones de la COB. Cambiar y modernizarse no es lo mismo que adaptarse y someterse.

No es cierto que los cambios que la COB necesita conducen a su destrucción o debilitamiento. Al contrario, una de las causas de las actuales dificultades es más bien la falta de cambios oportunos, la ciega y conservadora defensa de estructuras y métodos de lucha que ya no sirven.

Renovarse es vivir. Y para renovar la COB no se necesita primero matarla como pregonan algunos. Al contrario, deben potenciarse sus aspectos más positivos que le han permitido sobrevivir hasta ahora.

7. El primer elemento a recuperar es su unidad, el más valioso instrumento que posee la COB. Por ningún motivo se debería permitir que las diferencias lleven a la creación de centrales paralelas que atomicen el movimiento popular. La fractura de la unidad daría lugar a la creación de organismos sindicales de diferentes tendencias ideológicas, lo que sería una verdadera desgracia para el pueblo trabajador.

Se necesita mantener la pertenencia de todos a la organización sindical, sin atender a razones políticas o ideológicas, como ocurre en otros países.

Asimismo, se necesita conservar y perfeccionar la democracia interna. La institucionalidad democrática debe seguirse practicando en ampliados, congresos, asambleas y en el carácter electivo de todos los dirigentes. El mandato de éstos sólo puede basarse en la voluntad de las bases, expresada por canales democráticos. Para que la representatividad de la COB siga siendo legitima, su estructura interna debe ser cada vez más democrática.

8. Antes del fracasado congreso de El Alto, los dos últimos congresos (Tarija, 1994 y Trinidad-Cochabamba, 1996), así como el congreso extraordinario de Tarija (1997), reiteraron el mandato de realizar el II Congreso Orgánico. Todos parecían estar convencidos de que había que resolver cuestiones organizativas urgentes. Al no haberse cumplido este mandato, corresponde al congreso ordinario tratar prioritariamente los asuntos orgánicos postergados tantos años. Si no se lo hace ahora, quizá nunca más se lo pueda hacer en forma unitaria y en el marco de la democracia interna.

9. En la COB están agrupados tres grandes sectores de trabajadores o bloques sociales: los asalariados, los campesino-indígenas y los trabajadores por cuenta propia. Además, están afiliados estudiantes y otros organismos populares.

  • Los asalariados son los trabajadores manuales o intelectuales que viven de un salario, dependen de un patrón o empleador, privado o público. Son los mineros, petroleros, fabriles, constructores, gráficos y obreros, casi siempre temporales, de la agroindustria. También son asalariados los maestros, bancarios, periodistas, trabajadores de la universidad y otros empleados.
  • Los campesinos como trabajadores de la tierra, producen gran parte de los recursos alimenticios para toda la población en parcelas individuales o através de actividades comunitarias. Ellos tienen una gran diversidad social y cultural y en gran medida encarnan a los pueblos originarios, que mayoritariamente viven en el campo, aunque también están repartidos en los demás sectores laborales urbanos, en diferente grado de aculturación.
  • Los trabajadores por cuenta por cuenta propia son artesanos, cooperativistas, comerciantes minoristas, transportistas y una amplia variedad de trabajadores que aplican diversas estrategias de sobrevivencia y que, al igual que los campesinos, no dependen de un salario para vivir.

EL FIN DE LOS PROFETAS

10. La COB del siglo XXI, en su estructura orgánica, debe atenerse a esa dinámica composición social de sus integrantes, sin voto calificado ni discriminaciones de ninguna clase. Ningún sector social oprimido es un mesias que liberara a los otros. La historia se ha burlado cruelmente de los falsos profetas que creían en las vanguardias establecidas de una vez y para siempre, como si tuvieran un mandato divino. La unidad imprescindible que todos los sectores reclaman no puede ser a costa de la supremacía de uno sobre los otros.

Por el contrario, reconociendo las diferentes cualidades, las ventajas y desventajas de cada uno de los sectores que se cobijan en la COB, se puede encontrar un sistema de representación equilibrado e igualitario, que no signifique el predominio o la hegemonía de ninguno.

Esto podría traducirse de dos maneras:

  • Una representación de un 30 por ciento para cada uno de los tres grandes sectores de trabajadores, tanto en los congresos como en el Comité Ejecutivo de la COB y un 10 por ciento para organizaciones estudiantiles y de extracción popular.
  • O, una dirección sindical colegiada tripartita compuesta por representantes de los tres grandes sectores, con apoyo mayoritario en sur espectivo sector y también con la aceptación o consenso de los demás sectores. Otra variante podría ser una dirección rotativa a cargo de uno de los tres sectores, renovable periódicamente para dar lugar a que todos ejerzan democráticamente la máxima dirección.

11. Ha llegado la hora de cambiar los mecanismos de elección de los dirigentes de la COB. Una tendencia negativa es que cada organización nacional nombre por su cuenta y riesgo a «sus» representantes en el Comité Ejecutivo para llenar los cupos, dejando sin atribución de elegir tanto a las bases como al congreso. La «recomendación» del congreso de Tarija (1994) planteaba que los dirigentes tengan el aval de su sector para «evitar el manipuleo de personas o grupos partidarios». Pero, en ningún caso se pretendía privar al congreso de su facultad de elegir, transformando a la COB en una organización corporativa.

Todos reconocen que no se sienten adecuadamente representados en la máxima dirección. Pues entonces el desafío es encontrar formas más democráticas de representación.

  • Una de ellas es la elección desde las bases mediante el sistema de actas o la presentación de ternas de los sectores para que el congreso, como máxima autoridad, defina, particularmente en el caso de los máximos ejecutivos (así eligen los mineros a su Secretario Ejecutivo).
  • La otra forma sería la elección de los dirigentes por votación directa de todos los afiliados. Si bien es más complicada y demandaría mayor tiempo y preparación, es la forma más democrática. Ponerla en práctica, como ya lo hacen muchas organizaciones sindicales en el mundo, no es imposible.

12. Los sectores o bloques de trabajadores no permanecen estáticos. La gran migración del campo a la ciudad convierte en asalariados o cuentapropistas urbanos a miles y miles de campesinos, aimaras, quechuas o de otros grupos étnicos. Igualmente se da el fenómeno de que muchos obreros, castigados con los despidos, retornan al campo como agricultores o colonizadores. Muchos campesinos una parte del año son obreros zafreros o cosechadores de algodón.

Entre los asalariados hay también movimientos permanentes. Unos se transforman en eventuaes, se incorporan niños y mujeres para compensar la pérdida del poder adquisitivo de los salarios, se reducen las unidades de producción, muchos trabajan a domicilio o a destajo.

Esta gran movilidad exige formas flexibles de organización que incluyan a todos, sin marginaciones odiosas. Todos deberían sentirse formando parte del mundo del trabajo, como miembros de la COB.

13. El proceso de descentralización administrativa y de participación popular está planteando también nuevos desafíos en todos los niveles, pero particularmente en el espacio regional y local. Esto implica el fortalecimiento de las centrales obreras departamentales y un especial impulso a los roles que localmente pueden ejercer las organizaciones de base, especialmente en cuanto a la planificación participativa y al control social en los municipios. En el campo, los sindicatos agrarios o las autoridades originarias se están apropiando del poder local con relativo éxito.

En las ciudades, las organizaciones sindicales afiliadas a la COB podrían dedicar una parte de su atención al fortalecimiento de organismos de representación territorial que le disputen a los partidos oligárquicos su influencia en los municipios. La COB debe recuperar la iniciativa también en este terreno y abanderar la lucha por modificar la Constitución Política del Estado para abolir el monopolio de los partidos políticos. Las organizaciones sociales deben gozar del derecho a postular candidatos a los órganos públicos, especialmente en el nivel local.

14. En cuanto a los métodos de lucha, vale la pena rescatar una combinación flexible y dinámica entre movilización y negociación. Las dos formas no son excluyentes ni necesariamente contradictorias. En algunos momentos será más necesaria la movilización y en otras la negociación, según el desarrollo de los acontecimientos.

En los últimos años se han realizado grandes movilizaciones y, cuando ha sido necesario y posible, también se ha acudido a la mesa de negociaciones e incluso se han firmado convenios con diferentes gobiernos.

Aunque muchas veces esos convenios no han sido cumplidos en su totalidad por la parte oficial, fueron puntos de referencia para continuar las acciones.

La suscripción de acuerdos sobre determinados puntos no quiere decir que ya no existan conflictos, peor aún si las condiciones sociales de vida y de trabajo se endurecen constantemente. Una cara del modelo es la estabilidad y el relativo crecimiento. Pero la otra es el estremecedor incremento de la pobreza.

Por ello, los pobres jamás renunciarán a seguirla lucha, aunque en el camino firmen convenios parciales que antes que obligarles a ellos, obligan a los gobiernos a determinados compromisos.

15. La elaboración periódica del pliego único nacional es una modalidad acertada para conjuncionar fuerzas. Pero, en algunas Ocasiones, cuando el conflicto se prolonga demasiado, se producen rupturas y muchos sectores terminan realizando negociaciones por separado. No es que fallen los métodos de lucha, sino que algunos dirigentes se mueven con una lógica suicida, de guerra «hasta la últimas consecuencias», sin una estrategia adecuada. Sin saber hasta qué punto avanzar, cuándo detenerse y cuándo retroceder para conservar lo conseguido. Aunque parezcan pequeños, los avances y logros son los que dan confianza y fortalecen la organización y no los simples discursos que entusiasman un rato pero que después dejan un amargo sabor a nada.

16. Para avanzar y obtener conquistas en el plano reivindicativo se necesita capacidad de movilización, pero también capacidad de propuesta, visión estratégica y capacidad técnica para discutir los problemas de los trabajadores, sea frente a los patrones o sea frente a los altos funcionarios del gobierno. Los dirigentes no tendrían que apocarse ni doblegarse por ignorancia o porque solamente saben hacer discursos. Una de las preocupaciones centrales de la COB, por tanto, debe ser la capacitación de nuevos dirigentes y el establecimiento de mecanismos de información rápidos y oportunos, aprovechando las modernas tecnologías.

17. Para su funcionamiento la COB no recibe dinero del Estado, ni de los partidos políticos ni de organismos internacionales. Pero los aportes de los afiliados son irregulares y escasos. Los sistemas de recaudación de estas contribuciones deberían generalizarse y hacerse efectivos. Todos los sectores tendrían que encontrar la manera de aportar obligatoriamente a la COB para solventar sus acciones. Se requieren asesorías, publicaciones, eventos de reflexión y capacitación, relacionamiento con las bases, movilizaciones y otros innumerables gastos que deben ser autosostenidos, cubiertos por los propios afiliados, rompiendo con la cultura de la donación. En forma paralela, establecer mecanismos disciplinarios para cortar de raíz cualquier manejo corrupto del patrimonio común de los trabajadores.

*Carlos Soria Galvarro es periodista y docente universitario

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