Toño Araníbar, el más alto de la comparsa

No pocas sorpresas tuve en una aparatosa reunión clandestina del Frente Revolucionario Antiimperialista (FRA), la única y la última realizada en Bolivia (sin contar las que furtivamente sostuvieron los detenidos políticos en las distintas prisiones). La corta vida, pasión y muerte de este ensayo frentista transcurrió en Chile. El FRA no fue más que una afiebrada creación del exilio boliviano en la capital mapochina.

Los compañeros del Ejército de Liberación Nacional (ELN) organizaron la mencionada reunión aprovechando el carnaval de 1972. A Jorge Kolle y a mí, delegados del PCB, nos recogieron de la avenida Montes en una camioneta; a los delegados de los otros partidos los subieron en puntos adyacentes que ya no pudimos reconocer, pues ni bien abordábamos el vehículo se nos colocaba un antifaz sin orificios para ver, o sea se nos “compartimentaba”. Con abundante mixtura, un cucurucho en la cabeza y serpentina multicolor alrededor del cuello, avanzábamos mientras alguien pulsaba una guitarra e incitaba a entonar canciones de circunstancia. La máxima dirección del FRA en Bolivia éramos, ni más ni menos, que una comparsa.

Antonio Araníbar, quien representaba al Movimiento de la Izquierda Revolucionaria (MIR), comentó, ya en el interior de la casa y “descompartimentados”, que viajó en la camioneta un tanto agazapado, pues, pese a los atuendos carnavaleros, era muy fácil reconocerlo por su estatura.

Entre los participantes de la reunión, forzando mis recuerdos, estaban: Eusebio Gironda, a quién conocíamos en la universidad como un nacionalista de izquierda o izquierdista independiente y que allí se reveló como miembro del PCML, delegado personal de “Motete” Zamora; Roberto Sánchez, el dirigente juvenil del PCML más conocido en la UMSA, quien, apenas me vio, se acercó para aclararme: “Ya no soy más del PCML, ahora soy del ELN”. Lo mataron unas semanas después, como joven médico, las monjitas de Achacachi lo habían refugiado de la persecución.

También estaba “Julián”, compañero del Partido Obrero Revolucionario (POR), a quien nunca pude identificar por su verdadero nombre. Entre los organizadores del ELN estaban Lisímaco Gutiérrez, destacado arquitecto, muerto igualmente en la persecución cuando intentaba llegar a la frontera con chile; “Chato” Peredo, de extensa y conocida trayectoria; y Loyola Guzmán, en avanzado estado de gravidez, muy cerca ya de dar a luz.

El lugar de la reunión no podíamos ni debíamos ubicarlo. Yo imaginé que se encontraba en la zona sur de la ciudad de La Paz.

Se acordó emitir un documento y constituir un núcleo dirigente del FRA integrado por tres de las agrupaciones presentes: ELN (Loyola Guzmán), POR (“Julián”) y PCB (el suscrito).

En el único encuentro posterior de ese trío, Loyola nos informó que el ELN estaba siendo objeto de una dura represión a raíz de la captura de un miembro de su estado mayor. Se trataba del conocido “Coquito” Balbián, de quien pudo deducirse después que era un elemento policial infiltrado.

Caída ya la noche, nos sacaron de la reunión otra vez compartimentados. Y otra vez Toño Araníbar agachado, intentando que su altura no lo delatara.

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