‘Es puerta de la luz un libro abierto…

Lo dije en ocasiones anteriores, los que estamos algo pasaditos ya no contamos el tiempo por años sino por décadas. Es así que de pronto recordé que hace más de siete décadas me inicié como “declamador” en la escuela Agustín Aspiazu del barrio paceño de Sopocachi, nada menos que con el soneto Estudia, con cuya frase inicial titulamos hoy esta columna. Confieso que había olvidado por completo el nombre del autor, pero no así el poema que se mantuvo intacto en mi memoria “… Estudia y no serás cuando crecido/ Ni el juguete vulgar de las pasiones,/ Ni el esclavo servil de los tiranos”.

Utilizando el Google redescubrí al autor, el venezolano del siglo XIX, Elías Calixto Pompa, quien “tuvo muy pocas oportunidades de ir a la escuela, pero pudo destacar en la poesía, en el periodismo y en la política, gracias principalmente a que le gustaba leer cualquier cosa interesante que llegaba a sus manos”.

Nos movemos en medio del torbellino de los “telepoliciales” de casi todos los canales del país, de la sarta de idioteces y noticias falsas que saturan las llamadas “redes sociales”, de la parcialización indisimulable de las grandes cadenas mundiales y de la preocupante disminución de lectores de periódicos tradicionales. No obstante y a pesar de ello, en las últimas semanas, hay hechos que, a nuestro juicio, se destacan.

Uno, que los libros impresos en papel están de retorno. Varios países, Suecia entre ellos, descartan los mecanismos digitales de sus sistemas educativos y deciden volver al libro impreso. Las nuevas tecnologías vinieron para quedarse, no es ni necesario ni posible eliminarlas, la clave es cómo y para qué utilizarlas evitando que con la potencial inteligencia artificial que contienen, avasallen, distorsionen e intenten reemplazar las relaciones humanas. El debate está abierto.

Y dos, con más luces que sombras ha tenido lugar en La Paz la 27ª Feria Internacional del Libro (FIL-2023). Quedó evidenciada la pujanza comercial de los libros, tanto de los producidos en Bolivia como de la gran cantidad de importados de diferentes países, además por supuesto de las muestras organizadas por algunas representaciones diplomáticas. La feria atrajo gran cantidad de público, no solo por los libros sino también por las numerosas y variadas atracciones que ofrecía especialmente para el sector infantil, lo cual si bien puede no repercutir demasiado en la creación inmediata de hábitos de lectura, representa un primer paso de positivo acercamiento al mundo literario.

Y aquí viene una ineludible observación: Las ferias del libro debieran estar más y mejor integradas al sistema educativo, que a su vez necesitaría conectarse con iniciativas globales, verdaderas campañas en pro de la lectura a realizarse en todo el país, con la más amplia y creativa participación de entidades públicas y privadas (ministerios, entidades estatales que producen libros, gobernaciones y municipios, empresas editoriales, clubes del libro, bibliotecas, medios de difusión y otras muchas). Pareciera que actualmente predominan la dispersión y la negligencia.

Veamos dos fechas: Con motivo del Día Internacional del Libro, declarado por la Unesco el 23 de abril, el Ministerio de Educación realiza la campaña Bolivia Lee por lo general solo en el ámbito de su jurisdicción y simplemente para cumplir instructivos burocráticos de “arriba a abajo”.

Por otra parte, en homenaje a la fecha de nacimiento de Óscar Alfaro, el poeta de los niños bolivianos, cada 5 de septiembre se conmemora el Día Plurinacional de la Lectura. Que se sepa se ha venido haciendo muy poco o casi nada por cumplir un mandato de la Ley del Libro, muchos de cuyos bellos postulados han quedado solo en el papel, para empezar nunca se constituyó el comité interinstitucional encargado de promover y coordinar dichas campañas y algunos municipios cierran bibliotecas en vez de fortalecerlas.

Hay pues mucho por hacer… las ferias no bastan.

Carlos Soria Galvarro es periodista.